¿Es Breath of the Wild el esperado sucesor de Ocarina of Time?

¿Es Breath of the Wild el esperado sucesor de Ocarina of Time?

Han pasado ya varias semanas, cerca del mes, desde que Breath of the Wild sacudió el mundo de los videojuegos con su llegada al mercado el día 3 de marzo de 2017. La tan ansiada espera de muchos por fin encontró su final y entonces solo quedaba jugar y jugar a este nuevo título. Y como ya he dicho, hace semanas de ello, por lo que más de uno ya puede decir la que, hasta hace poco, era una frase que ninguno contemplábamos pronunciar: «he terminado Breath of the Wild». Y mi persona, a mi pesar, no es una excepción. Sí, he terminado el juego, no al 100% pues eso ya es una ardua tarea, pero si la historia principal y un buen puñado de objetivos secundarios. Una vez alcanzada esta estación, además de las preguntas sobre el papel cronológico del título (tema que ya trataré en otro futuro artículo), la pregunta que no puedo evitar hacerme es: ¿Es Breath of the Wild el sucesor que esperábamos de Ocarina of Time…?

Es evidente que cada uno tiene su The Legend of Zelda favorito. Cada uno pone en la cima al título que más precie, como es lógico. Sin embargo y pese a quien pese, si hay un juego de la leyenda de Zelda que hasta hoy había sido coronado como el referente, revolucionario e indispensable, era Ocarina of Time. No lo digo yo, lo dice el señor Shigeru Miyamoto, padre de la saga, y el señor Eiji Aonuma, productor de la misma. En el caso de Aonuma-sensei, él mismo hablaba de que su afán era superar a Ocarina of Time… Por eso mismo, sería un sinsentido hablar de otros dos The Legend of Zelda.

Aclarado este punto e intentando olvidar el tema de «qué Zelda le parece mejor a cada uno», retomo la pregunta que he lanzado: ¿Breath of the Wild es el nuevo espejo en el que debe mirarse la saga…?

Cuando Ocarina of Time salió a la luz allá por el año 1998, concretamente el 21 de noviembre para la consola Nintendo 64, el mundo del videojuego no estaba tan arraigado en las mentes generacionales de por aquel entonces y la industria todavía evolucionaba en busca de un mercado que no tardaría mucho en regularizarse. Nintendo 64, de hecho, fue una de las razones que ayudaron al mundo del videojuego a crecer sanamente. Y, a pesar de que las condiciones no eran tan favorables como hoy en día, Ocarina of Time supo abrirse paso muy bien.

Hasta aquel entonces, solo habíamos visto a un Link en 2D y, el cambio al 3D, fue como poco, espectacular. Por si fuera poco, los desarrolladores de Nintendo idearon mecánicas y modos de juego que dejaron en evidencia al resto de compañías del momento. He aquí donde, la gran N, crea el fijado de objetivo o targeting, introduciéndolo en Ocarina of Time. Es el ejemplo típico que se da, pero se debe a su gran importancia.

Pero Ocarina of Time no solo destacó entre todos por un 3D o una jugabilidad revolucionaria, no señor. En este juego, The Legend of Zelda cambió para siempre. Sin miedo o reparo, se rompieron moldes y fórmulas de las anteriores entregas para dar paso a una regla de éxito que sería repetida en los siguientes títulos hasta alcanzar al mismísimo Breath of the Wild. Ocarina of Time, literalmente, desafió lo establecido por A Link to the Past y el primer The Legend of Zelda, respetando algunas bases pero evolucionando hacia una idea mucho más compleja y atractiva.

Su genialidad fue tal que, los siguientes títulos, siempre se vieron bajo su sombra, aunque llegaran a pasar tantos años como para realizar un remake del propio juego. Entregas como The Wind Waker o Twilight Princess parecían acercársele, pero no dejaban de transmitir la idea de que uno derivaba del otro. Tú puedes disfrutar y amar Twilight Princess por encima de Ocarina of Time, pero es un hecho innegable e irrefutable que uno mama del otro. No estaban desafiando a Ocarina of Time, sino imitándolo.

Análisis Ocarina of Time

Y es aquí donde brilla Breath of the Wild. Propulsado gracias a una buena publicidad (aunque un tanto dañina por cierto aspecto que comentaré más adelante) y una gran expectación que ha levantado a lo largo de su desarrollo, Breath of the Wild ha estado a la altura de lo esperado. Es un soplo de aire fresco para la franquicia que revoluciona a la misma. Ha desechado convencionalismos y ha apostado por una nueva saga, tumbando fórmulas que hasta ahora parecían inmutables. Pero todo ello no conlleva una pérdida de identidad, en ningún momento pensarás: «esto no es Zelda». De hecho, es destacable como la mejor apuesta del título en realidad es una vuelta a los orígenes de la franquicia. Tenemos un mundo abierto inmenso, grande, y lo más importante: no está vacío. Hay una infinidad de cosas por hacer y lugares que explorar o visitar. Un concepto que pertenece al original The Legend of Zelda.

Pero no solo se trata de un mundo más grande y mejor que el del clásico de Nintendo 64, el título de Wii U y Switch cuenta con un motor de físicas capaz de reproducir los escenarios menos pensados en un videojuego. No me refiero a «menos pensados» como algo malo, todo lo contrario. La pregunta que más me he hecho en este juego mientras lo jugaba era: «¿Podré hacer esto?» Y era terriblemente divertido descubrir que sí, podías. Hay una infinidad de escenarios y fórmulas que solo aparecen dependiendo del tipo de jugador. Quiero decir, cada uno juega a su manera y resuelve los puzles como se le ocurre. Es fascinante ver cómo, hablando con amigos o compañeros, descubres lo diferente que fue todo a la hora de encontrar cierto sitio o superar un obstáculo. No hay muros, no hay normas, tú construyes tu camino. Una libertad abrumadora y sin parangón.

Algo tan básico en The Legend of Zelda como una mazmorra, se ha visto mutado a una nueva versión, donde es preferible unas mazmorras más pequeñas e ingeniosas, a la par que colocar una borrachera de santuarios, los cuales permiten dispersar más los puzles y variar las pruebas que encuentre el jugador. De este modo, se evita concentrar un número de pruebas a un objeto o a un elemento, dentro de una única mazmorra, haciendo el proceso más tedioso. Por ejemplo, la idea de introducir el gancho en el Templo del Agua de Ocarina of Time y utilizar el mismo objeto innumerables veces, siempre dentro de una temática de agua. A partir de Breath of the Wild ya toca olvidarse de esa vieja fórmula. Ahora los puzles serán libres y estarán repartidos por todo el mapa. Encima es una manera de incentivar a la exploración y rellanar un basto mundo. Un buen equilibrio sin duda.

Objetos tan típicos como el mapa de la mazmorra o de la brújula han desaparecido o cambiado su función por completo. El elenco de armas se ha ampliado y mejorado, haciendo a las armas destructibles, en una mecánica que a veces es frustrante y que se podría mejorar, pero que no deja de ser fresca y rejuvenecedora. Por no hablar de la idea de no regalar corazones, o complicando la manera de encontrar rupias, ensalzando el comercio y empujándonos a elaborar una amplia gama de platos, cada uno con sus efectos, más allá de simplemente recuperar vida. También podemos hablar de la variedad de vestimentas, como influye en la jugabilidad el clima o la manera tan diferente de afrontar ahora los combates y desafíos. Pero si sigo hablando, me podría pasar horas describiendo las mejoras y como influyen todas en una jugabilidad apabullante, magistral.

Sin duda alguna y como demuestra la imagen de arriba, hablamos de un cambio generacional en toda reglaBreath of the Wild es un más que digno sucesor de Ocarina of Time. Al igual que en su momento pasó con el título de Nintendo 64, este nuevo juego abre una vía nueva para la saga, en un lavado de cara bastante profundo pero que, no deja de ser The Legend of Zelda. Bien es cierto que aún no podemos estudiar el impacto que creará Breath of the Wild con la misma exactitud con la que podemos estudiar el de Ocarina, pero su puesta en escena, la expectación que ha levantado y las ventas que está generando, no son ni mucho menos un mal augurio.

No obstante y, a pesar de acabar de vender a Breath of the Wild como la gran revolución que es, hay algo en lo que y desgraciadamente no ha superado a Ocarina of Time. De hecho me ha supuesto un punto bastante decepcionante a la hora de jugar a este nuevo título. Me refiero a la carencia de una historia más fuerte, unos personajes con los que empatizar mejor y el giro de trama inexistente. Que cuidado, en ningún momento califico a la historia de mala, no señor, me ha gustado mucho. Más, si es calificable de insuficiente o mejor aún, de típica.

Si hay algo que también hacía mágico a Ocarina of Time, era su historia. A lo largo del juego, crecías junto a Link, te convertías en el verdadero Héroe del Tiempo y, con poco, desarrollabas afecto a personajes como Saria, Malon, Ruto o demás sabios… Es más, yo por lo menos, les buscaba con ahínco una vez convertido en adulto y me sorprendía mucho conocer qué había sido de ellos. Eso por no hablar del gran giro de trama: Sheik es realmente Zelda. Incluso si hablamos del final del juego: después de una batalla épica, llegas a unas cinemáticas con apenas diálogos y que te dejan con una sensación extraña, diciéndote: «¿Esto es todo?» Como mínimo esperaba que me dejaran con el corazón en un puño, como hizo Midna en Twilight Princess, en uno de esos momentos que nunca olvidas y que permanecen grabados en tu mente.

De hecho, me ha sorprendido mucho que Breath of the Wild haya carecido de esos momentos. Y la gran culpa de ello recae en la publicidad del juego, la cual ha marcado y/o creado unas expectativas que luego no se han visto resueltas de la manera que esperaba. Las cinemáticas de los tráilers auguraban una historia muy intensa y llena de giros argumentales. Sin embargo… Me he encontrado con que todas esas imágenes, de Zelda llorando, Link protegiéndola, ambos cabalgando bajo la puesta de sol, Rivali volando, Mipha, Daruk, Urbosa… Todo ello eran recuerdos… Que no se me malinterprete, los recuerdos me gustan y hubo un momento en el que me dediqué únicamente a conseguirlos. Pero, no era lo que yo esperaba.

Un recuerdo al fin y al cabo es una cinemática, un vídeo, un momento que nosotros como jugadores realmente no hemos vivido y que, por lo tanto, no hemos podido grabar en nosotros mismos. No hemos podido sentirlo. Solo somos meros espectadores, y esto es una idea que Nintendo siempre trata de evitar en un The Legend of Zelda. Quieren que nosotros seamos el protagonista, que nos metamos en la piel de Link, pero aquí, a muy mi pesar, no lo han conseguido. Han patinado.

El futuro que nos aguarda para The Legend of Zelda sin duda es prometedor, sin embargo, Nintendo aún tiene una asignatura pendiente: mejorar las historias que cuenta. Jugabilidad siempre será más prioritario que historia, eso es lo que hace a la saga ser lo que es, no obstante, también puede haber cabida a una buena historia, con personajes más desarrollados y que no se limiten a un segundo plano…

Resumiendo y como final, Breath of the Wild es revolucionario y cambiará por completo a la saga, siendo el nuevo punto de referencia. No obstante, su historia demuestra que Nintendo aún no da con la tecla en este aspecto y que, en vez de hacer un gran avance, han retrocedido varios pasos… Aunque todavía queda por ver qué nos deparará la historia del cuestionado DLC.

COMENTARIOS

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    JLBRF 4 semanas

    Breath Of The Wild, aun sin jugarlo, es un Zelda y por lo tanto un gran juego. Puede que este pecando de falta de objetividad por ser fan de la saga.
    Llamadme loco pero sin tener una Switch, tengo su versión. Y eso que inicialmente planeaba hacerme con la de Wii U, pero dado que a diferencia de Wind Waker HD y Twilight Princess HD el control táctil no va a ser aprovechado como en estas versiones, y que la previsión que tengo es jugara bastantes horas, me da miedo dañar por desgaste el disco DVD.
    El nuevo juego puede que incluso supere a Ocarina Of Time en algunos aspectos. Pero sin embargo en argumento yo también pienso que no. La historia de OOT es la perfección. Aquí otra vez me estoy dejando llevar por mi opinión, por el hecho de que en cada jugador/jugadora, muy probablemente, su primer Zelda es el que más les marco y dejo una profunda huella en ell@s.
    Con lo visto hasta ahora, se echa de menos el escudo hylian y la clásica túnica verde desde el inicio, y también el tema de la durabilidad de la armas no acaba de convencerme. Salvando las ditancias, creo que hubiera sido mejor un sistema como el de Dead Island; armas que se rompan con el uso pero que con dinero se puedan reparar e incluso mejorar (esto último no lo veo tan necesario necesario).
    Y al señor Aonuma le aconsejaría que deje su obsesion por superar Ocarina Of Time XD.
    Saludos.

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    JLBRF 4 semanas

    Por cierto, amigo CM Xavi, se me olvidó darte gracias y felicidades por el articulo.
    Saludos.

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      ¡Muchas gracias! ^^ Siempre gusta leer este tipo de comentarios. Es bien difícil ser objetivo, por eso mismo, mi intención era hablar de que un juego es el cambio generacional de otro. Para mí sigue siendo mejor OoT, porque es el que más me marcó, pero pienso que, con una historia más fuerte, BotW habría desbancado ese favoritismo que tengo. Es muy interesante lo que planteas de Dead Island y su sistemas de armas, estoy bastante de acuerdo. Un saludo. 😀

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